TERTULIA DE LO RECOBRADO

 

La obra de María Emilia Marroquín atraviesa varios momentos en los que se emparenta con la historia del arte, y aunque evidencia sus influencias e incorpora una versatilidad poco común a la hora de crear, produce en paralelo obras muy disímiles. “Tertulia de lo recobrado” es la reunión de sus últimas esculturas y objetos, en los que desde hace varios años explora las posibilidades de la materia desde dos polos opuestos.

De alguna manera como lo hizo el gran escultor rosarino Enio Iommi, que tuvo su notable período de escultura concreta, pero luego realizó objetos-instalación con los más diversos materiales, esta artista genera un corpus de piezas que se puede dividir y clasificar del mismo modo.

Por un lado, produce esculturas en las que metales se fusionan con maderas talladas. Es probable que aquí opere su parte más racional en la que apunta a encontrar el equilibrio, experimentando con las propiedades de los volúmenes y las texturas, a la vez que modela en función de la quietud y el cinetismo, procurando dejar al descubierto los efectos de las sombras que proyectan sus obras.  

En contraposición, o por qué no como la otra cara de la moneda, su búsqueda estética dispara hacia lo opuesto y deviene en el readymade. La artista recobra y colecta objetos en desuso, a veces fragmentados, y otros materiales desechados. A partir de estos, ensambla y da vida a nuevas formas, partiendo del principio de la re significación, pero también dotando a cada pieza de un carácter simbólico particular, en ciertos casos con reminiscencias personales y, en otros, con alusiones más explícitamente reconocibles. Esto último sucede con La Reina del Plata, que con una corona de alambre, se posa sobre un adoquín de Buenos Aires. Una representación de lo porteño más genuino: todo alude a la vieja ciudad en su edad de oro, con copas francesas rotas de aquella burguesía inmigrante que quiso seguir afrancesada mientras pisaba adoquines y de fondo, quizás, escuchaba a Gardel entonando ‘Buenos Aires, la reina del plata’ o ‘La copa rota’.

Walter Gropius decía que la base de un buen trabajo de artesano es indispensable para todo artista, y vaya si María Emilia lo lleva a la práctica, demostrando que su producción pone de manifiesto un desplazamiento de la escultura hacia el objet trouvé, al mismo tiempo y en el mismo espacio, en Tertulia de lo recobrado.

 

Por Eugenia Garay Basualdo, Curadora
Muestra individual en el Centro Cultural de la Cooperación – Sala Abraham Vigo. Buenosa Aires, Argentina (2015)

 

INTUICIÓN DE LA MATERIA. 

 

Un árbol tumbado en una calle del barrio de Chacarita. Olor a tierra y sequedad en la corteza. El ciprés y la artista. Pura materia buscando ser transformada. De estas sorpresas, se llena el alma María Emilia. Ve, reconoce y elige. Sabe que con mucho trabajo podrá sacar lo mejor de la madera, pero también lo mejor de si. Esta es la historia de Territorios de la mirada. Un pedazo de tronco regresado a la vida. Otra vida, la de obra de arte. Sobre un pequeño pedestal se apoya una forma orgánica redondeada de madera clara, que se oscurece hacia el centro, lugar de fractura, donde se engarzan dos láminas de acero reflectantes. Este es el resultado de un año tallando y jugando con la materia, corriendo al rincón del taller, para calmar la ansiedad y esperar el momento en el que la obra diga:“estoy lista”. Lista para exponerse y atraer la mirada de los espectadores, demandantes eternos, de significados y relaciones. Un antiguo electrodoméstico en desuso. Un ejercicio de desarmado y la máxima de los escultores contemporáneos “Nada se pierde, todo se transforma” que María Emilia practica con esmerada dedicación. Esta es la historia de Las flores de mi jardín. Un girasol hecho con las aspas de un ventilador y otras flores de alambre y botones. Sobre el corte transversal de un tronco, se yergue un tallo de hierro del que se desprenden seis flores de distintos materiales. Pura diversión. Una obra lúdica para explorar y poner en el jardín, esperando que el viento haga girar los pétalos de la oleaginosa.

Una pala para abrir zanjas, torcida e inútil y varios metros de hilo sisal envueltos en alambres. Dos relieves esculturales colgados en la pared como flores. Esta es la historia de Bruta flor Florcita. Una pala que endereza su destino y compone con austera dignidad, un homenaje al trabajo del hombre y una florcita, sutil pareja de Bruta Flor, que aleteando en el espacio como una abeja, acompaña y soporta con su materia noble y simple, ese mundo de esfuerzos.

Por Silvia Dick Naya.

Muestra colectiva junto a los escultores Alfredo Williams y Estela Garber, en Casa Matienzo (2012)

 

 

VERBINDUNGEN - ZEITGEIST

En un plácido taller de Chacarita María Emilia Marroquín habita entre obras que hablan del tiempo y su trama. Formas geométricas trazadas con tierra, madera, metal y que sutilmente van formando secuencias y juegos espaciales. De manera lúdica construye objetos, algunos planos que buscan la vertical o la diagonal y que conjugan la calidez del leño pulido o sus asperezas en bruto con la frialdad del metal de uso industrial. El equilibrio, siempre y la síntesis de tantas dualidades. El movimiento se congela o no, aludido con decisión en curvas y rectas que se prolongan en la mente del espectador.

Heredera de las corrientes esculturales de su época, en M.E.M están presentes las huellas de un Iommi, de un Blazsko, con una plasticidad casi minimalista. Abstracción, más no tan concreta. Un poco invención, un poco mimesis de lo que hay. Se palpa el golpe del martillo o de la maza y se advierte la pasada del pincel. Son objetos elocuentes, con fuerza y autonomía propia. Construcciones sensibles, fragmentos de instancias pretéritas en un ordenamiento nuevo. Un presente con huellas del pasado, como siempre.

Por María Silvia Sayús 

Muestra individual. Fundación Filadelfhia, Buenos Aires 2008

 

 

LO UNO Y LO OTRO

 

Lo uno y lo otro, lo frío y lo cálido, el asfalto y la tierra, dualidades que plasman el sentido de la vida.Atmósferas que envuelven las ciudades, la tierra en la que emergen plasman las huellas escondidas, los pasos de los hombres que hoy están y mañana no están en el mismo lugar“El movimiento, el tango, la música del trazo, sus curvas y sus ángulos.

Bosquejos de identidad perdidas y reencontradas. A través del polvo de ladrillo, asfalto del camino y objetos que va encontrando, Mª Emilia Marroquín nos habla de la textura del campo, deltacto de lo urbano.La escultura nos descubre el movimiento, la materia envuelve a la forma y uno puede jugar con ella, tocarla y mirarla de diversas maneras

Equilibrio con materiales yuxtapuestos: la madera y el metal que amalgamados terminan siendo fuerza y símbolo. El ser como la unión de los contrarios.Los materiales forman un dialogo entre opuestos, se entienden y entrelazan para hablarnos del hombre y el lugar donde habita, de lo lleno y del vacío. La dualidad, la dialéctica, lo que se va y lo que queda…Las raíces, la tierra, siempre la tierra…

Por Chesca Palacios

Muestra Fundación Filadelfhia, 2008

María​ Emilia Marroquín